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lunes, 18 de mayo de 2020

El Mundo cambió por el COVID 19. ¿Cambiarás también tu?

El mundo ha cambiado. Para ser pragmáticos y realistas, el mundo cambia cada día, porque los seres que habitamos éste planeta cambiamos cada día. La única diferencia es que el cambio que se provocó en éstos meses fue más abrupto de lo que estamos acostumbrados. Probablemente ningún ser humano que habite la tierra hoy en día haya vivido un cambio tan repentino, tan generalizado y tan drástico como el actual.

Es curioso que éste cambio haya sido provocado por un micro-organismo. Es decir, en el mundo han de existir millones de virus y bacterias identificados, y ahora surgió uno nuevo, que no conocíamos, y generó, por las razones que sea, un estado de miedo y zozobra en la mayor parte de la población mundial. Me pongo a pensar, si hubiese caído un meteorito en la Tierra, en algún lugar del mundo, tal vez no hubiera provocado el mismo impacto que éste ser cuasi-invisible ha provocado.

Seguramente el hecho de que estemos tan super-conectados en éstos tiempos ha sido un factor importante para que ésto sucediera. Podríamos discutir el origen del virus, o sobre la capacidad de contagiar a nuevos seres humanos que tiene, o si es más letal o menos letal que otros virus, o si el estado de pánico generalizado fue justificado o no, pero ese no es el objetivo de éste artículo.

Los hechos comprobables son: hay un nuevo virus que los seres humanos no conocíamos, es un virus, que como muchos otros, provoca la muerte de cierto porcentaje de las personas a las cuales infecta, que los medios de comunicación nos han tenido informados en tiempo real sobre el esparcimiento de la enfermedad en el mundo, y que como humanidad, entramos en un pánico generalizado que al día de hoy nos tiene al borde de una crisis económica, que depende quien lo diga, puede ser de moderada a catastrófica.

Hoy en día parecemos niños pequeños aprendiendo a saludar. Símbolos ancestrales que utilizamos para mostrar afecto y confianza, como un estrechón de manos, un abrazo o un beso han sido puestos como serias amenazas a la salud, al punto que nos encontramos con familia y amigos y no sabemos si van querer intercambiar alguno de éstos gestos con nosotros. Salimos a la calle y nos cuesta reconocer a la gente, pues todos (o la gran mayoría) llevan mascarillas para cubrir su rostro.

Como decía al inicio, el mundo cambia todo el tiempo. Por ejemplo, hace aproximadamente diez años empezaron a popularizarse los teléfonos inteligentes. El surgimiento de los mismos ha revolucionado la forma en que nos comunicamos, socializamos, guardamos recuerdos en forma de fotografías y videos, nos entretenemos, trabajamos y estudiamos. Es difícil imaginar la vida en el mundo actual sin tener un teléfono inteligente todo el día junto a ti.

Los seres humanos, de forma alegre y voluntaria, nos acoplamos a éste cambio, que a pesar de haber sido generado en pocos años, ha sido gradual. Sin embargo, para ciertas personas éste cambio provocó grandes crisis, por ejemplo, gente que perdió el empleo pues trabajaba en una empresa que vendía cámaras digitales y la empresa quebró. Sin embargo, hacemos el balance, y seguramente más gente ha salido beneficiada que perjudicada por los cambios provocados por ésta tecnología. Aún así, eres libre de decidir si lo compras o no. Lo que es cierto es que aunque quisieras oponerte al avance de esa tecnología, y por la razón que tu te imagines, quisieras hacer una cruzada para que todo el mundo dejara de utilizarlos y regresáramos 10 años en el tiempo, eso no va a suceder. Aunque ya no utilizáramos teléfonos inteligentes (lo que seguramente sucederá en el futuro, pues no tardará en surgir una tecnología nueva que haga obsoleto al teléfono inteligente), éstos ya cambiaron nuestros hábitos de una forma permanente.

La gran diferencia de lo que estamos viviendo hoy en día es que el cambio fue mucho más abrupto, más generalizado e involuntario. Pero es un cambio, al final de cuentas. Y cualquier cambio genera crisis. Y un cambio tan repentino genera una crisis profunda. Y una crisis tan profunda nos reta, como especie, y como individuos, a adaptarnos o morir. Bien lo dijo Charles Darwin, hace más de 150 años: "No es la especie más fuerte, ni la más inteligente la que sobrevive. Es la que más se adapta al cambio".

Así que el cambio que estamos viviendo nos exige adaptarnos, o moriremos. Suena muy crudo, pero es al final de cuentas la realidad.

En todo el mundo se han impuesto cuarentenas, más o menos estrictas y voluntarias, lo que nos ha hecho encerrarnos, a unos más y a otros menos. Sin embargo, han pasado ya más de dos meses de dicho encierro, y aún hay gente que se resiste al cambio, y no quiere enfrentar el hecho de que el mundo cambió, y que no hay marcha atrás.

El virus no va a desaparecer, en eso coincide toda la comunidad médica del mundo. Estamos esperando una vacuna que puede tardar meses en estar lista. Y yo me pregunto, ¿Para qué? ¿Vale la pena seguir encerrado una cantidad indeterminada de tiempo, esperando que algo suceda y mágicamente nos regrese a cómo estábamos hace 3 o 4 meses?

Yo pienso que la respuesta es ¡NO!. ¡Es no porque no va a pasar! Aunque mañana pudieras ir al hospital más cercano a ponerte la vacuna, y pudieras salir pasado mañana a retomar tus actividades, descubrirías que no podrías hacer las mismas cosas de la misma forma en que las hacías hace unos meses.

¿No me crees? Responde las siguientes preguntas para ver si has modificado alguno de tus antiguos hábitos:

1. ¿Has hecho teletrabajo o has recibido clases y capacitaciones en éstos meses?
2. ¿Ha bajado tu consumo de combustible o de transporte público?
3. ¿Has perdido menos tiempo en transportarte de un lugar a otro?
4. ¿Te ha bajado la ansiedad y el estrés por no tener que estar corriendo todo el día por llegar a tus diferentes compromisos laborales, educativos o sociales?
5. ¿Has aprendido nuevas formas de entretenerte en casa, que además te han generado ahorros?
6. ¿Has perdido tu trabajo o vistos reducidos tus ingresos, porque lo que hacías ahora pareciera que nadie lo quiere comprar?
7. ¿Ha cambiado la relación que tenías con tus padres, hermanos, amigos?
8. ¿Ha cambiado la forma en que saludas a tus amigos, compañeros de trabajo o conocidos?
9. ¿Has cambiado tus hábitos de higiene o protocolos de desinfección en tu casa o trabajo?
10.¿Has realizado compras en línea o has pedido a domicilio más de lo que era habitual?

¿Ves factible que alguna de éstas cosas permanezca como está el día de hoy? Yo veo varias cosas de mi vida que no van a volver a ser como eran antes. ¡Y más vale que así sea! Porque si no has cambiado en nada durante ésta crisis, entonces si deberías de preocuparte.

Mi consejo, si eres de los que estás esperando a que todo regrese a cómo estaba antes, es que cambies de mentalidad. Te recomiendo que te enfoques en tu salud. Mejora tu sistema inmune, aliméntante bien, duerme lo que tu cuerpo necesita para descansar, haz ejercicio. Toma las medidas de higiene y prevención que consideres necesarias, utiliza mascarilla en lugares públicos, lávate las manos, practica el distanciamiento social, y cualquier otra que te haga sentir más seguro.

Cultiva la virtud de la paciencia para mejorar tus relaciones con tus seres queridos. Encuentra nuevas formas de vivir tu espiritualidad, y de encontrar tu paz interior. Retoma tus pasatiempos que tenías olvidados, toca algún instrumento, aprende un nuevo idioma, lee un libro.

Si perdiste el trabajo o tu fuente de ingresos durante ésta pandemia, reinvéntate. Ingresa a alguno de los miles de webinars gratuitos que se están produciendo cada día. Aprende algo nuevo que no sabes hoy en día. Analiza las nuevas necesidades que está provocando el cambio de los hábitos de toda la humanidad, y piensa en una forma de satisfacer alguna de esas necesidades. Y sobre todo: ¡ACTÚA! El mundo se sigue moviendo demasiado rápido, y no puedes esperar a que tu "solución" a una necesidad de hoy en día sea "perfecta" para poder actuar, porque hay muchísima gente que está actuando, y te pueden ganar la idea.

El objetivo de éste artículo es transmitirte un mensaje optimista, positivo y propositivo. El mundo cambió, y seguirá cambiando, pero tienes que adaptarte, y mientras más rápido lo hagas, mejor preparado estarás para enfrentar lo que el futuro nos depara.

Las crisis siempre traen oportunidades. Aunque hoy nos cuesta imaginarnos qué bueno traerá ésta, está en ti abrir los ojos, estar optimista, aceptar las cosas que no puedes cambiar, y enfocarte en hacer las cosas que si puedes hacer.

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