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martes, 5 de octubre de 2010

Justicia y Dinero

El viernes último surgió una noticia en Guatemala que conmocionó a muchas personas, indignó a la mayoría de habitantes de éste país, y además, desató muchas opiniones, algunas de las cuales me motivaron a escribir éste artículo.

La noticia es que entre 1946 y 1948 unos científicos estadounidenses realizaron en Guatemala un estudio de enfermedades venéreas, entre ellas Sífilis y Gonorrea. El problema es que para su estudio infectaron intencionalmente a más de 1500 guatemaltecos, entre ellos enfermos mentales, prisioneros, soldados y prostitutas. Por si ésto fuera poco, las personas que fueron infectadas no recibieron el tratamiento adecuado para sanar de esas enfermedades. Estas pruebas experimentales fueron financiadas con fondos del gobierno estadounidense, y contaron con la colaboración del gobierno de Guatemala.

La noticia es espantosa, provoca sentimientos de rabia, sólo pensar que pudieron esos científicos hacer semejante cosa. El sentimiento generalizado de rechazo, provoca exigir justicia para esos pobres desafortunados, aplicando las penas que correspondan a los culpables.

El pequeño detalle es que han pasado 62 años desde aquellos incidentes, por lo que me aventuro a predecir que todos los responsables de ésta atrocidad están muertos (o casi), y puedo suponer que todas las víctimas también lo están. En mi caso, me lleva a pensar y esperar en la justicia divina, supongo que Dios sabrá juzgar a esos científicos por el daño que hicieron a esas 1500 personas.

En éste punto, y sin ser un estudioso del Derecho, me aventuro a decir que es poca cosa lo que se puede hacer para impartir justicia. Ambos gobiernos deben pedir disculpas públicamente a las personas que fueron afectadas (o sus descendientes, digo yo), y en todo caso establecer los controles para que éste tipo de situaciones no vuelvan a suceder en el futuro. Aún no estoy seguro si algún descendiente directo de éstas personas estaría en su legítimo derecho de pedir algún tipo de resarcimiento económico.

Lo que proponen muchas personas, incluidos periodistas, gobernantes y líderes de opinión es que Estados Unidos debe pagar un resarcimiento a Guatemala. Para ponerlo en los términos que son, se puede traducir que los tributarios (las personas que pagan impuestos) de Estados Unidos deberán pagar un resarcimiento económico al Gobierno de Guatemala, por los daños ocasionados a esas 1500 personas.

Esto lo solicitan aduciendo que esa acción ha dañado nuestra “Dignidad Nacional”, resultan muchas personas diciendo que Estados Unidos en sus planes imperialistas han hecho, hacen y seguirán haciendo éste tipo de experimentos, y otras cosas por el estilo.

En mi opinión, no existe justificación moral para exigir que los estadounidenses, de los cuales la gran mayoría no habían nacido en 1946, tengan que pagar ningún tipo de resarcimiento económico por algo que no hicieron ellos. Estaría totalmente de acuerdo en que si las víctimas de éstas pruebas estuvieran con vida, recibieran una indemnización o resarcimiento económico, que sirva para compensar los costos en los que hubieran incurrido para pagar sus tratamientos, e incluso que eso lo pagaran los tributarios, pues fueron ellos quienes eligieron a sus gobernantes. Pero luego de tanto tiempo, dudo que eso sea justicia. Más suena a venganza, resentimiento, o algún otro sentimiento de éste tipo.

Me puse a pensar en otros casos similares, en los cuales las personas quieren que se paguen resarcimientos económicos a costa del dinero que pagamos en impuestos los ciudadanos de un país. Hay personas que incluso “exigen” que les “devuelvan” las tierras que los españoles les quitaron a sus ancestros. Supongo que ninguno de los reclamantes de éste tipo de demandas podría siquiera demostrar que tiene algún tipo de vínculo sanguíneo con algún legítimo propietario de tierras en el pasado, y que se las hayan quitado los españoles. Para éstas personas aparentemente lo importante es conseguir algo de dinero “fácil”, sin tener que ganárselo.

Esto se refleja también en casos específicos, como el de Ingrid Betancourt. Luego de pasar más de 6 años secuestrada por las guerrillas de las FARC, en Colombia, fue rescatada por el gobierno colombiano utilizando recursos públicos como helicópteros, fuerzas armadas, etc., para realizar la operación de rescate. Existen rumores que cuestionan el secuestro, aduciendo que ella tuvo cierto grado de responsabilidad en el mismo. Pero asumamos que ésta es simplemente una campaña de difamación en su contra, y que no esa hipótesis es falsa.

El punto es que en julio de 2010, tras 2 años de haber sido liberada, presenta una demanda judicial contra el estado colombiano, en la cual exige un resarcimiento económico de US$6.5 Millones. A mi, al igual que casi al 80% de los colombianos, la noticia me parece un descaro. Yo no entiendo que la hace pensar que puede pedir semejante cantidad de dinero proveniente de los impuestos que pagan todos los colombianos (con la esperanza qe que su gobierno les proporcione los servicios básicos, como seguridad, justicia, educación, salud, etc.).

Ella aduce que existe una ley que le permite pedirlo, pero yo me preguntaría si es legítimo que ella realice la solicitud, luego de que el Gobierno utilizó fondos públicos para su liberación, poniendo incluso en riesgo la vida de varios miembros de las fuerzas armadas colombianas.

No es que esté en contra de que ella reciba un resarcimiento por esos 6 años que le tocó vivir privada de su libertad, en condiciones de vida horribles. Lo que propongo es que presente una demanda judicial en contra de sus captores, y que exiga que ellos le paguen la indemnización que solicita, por los daños y perjuicios que ella y su familia sufrieron durante ese tiempo. Eso si lo considero legal, y sobre todo, legítimo.

Regresando al caso de Guatemala, puedo aventurarme a decir que si el gobierno de EEUU paga alguna indemnización al gobierno de Guatemala, en el mejor de los casos, será malgastado por la burocracia estatal.

El motivo de compartir éstos pensamientos en Instructor Financiero, es porque me parece un buen ejemplo de cómo algunas personas tienen un concepto erróneo sobre el dinero. En varias ocasiones he mencionado que el dinero no es más que el medio por el cual intercambiamos el fruto de nuestro trabajo por otros bienes y servicios, producidos por otras personas, y que nosotros valoramos.

Es fácil entender por qué muchas personas quieren recibir dinero sin haber producido nada a cambio, pero lo que quiero es dejar mi punto claro: Cualquier dinero recibido sin habérmelo ganado, o sin haberlo merecido, además de que fue quitado por la fuerza (mediante impuestos) a alguna otra persona, no puede traerme cosas buenas. En último caso, se lo estoy robando a alguien más. Eso si, si alguien violenta algún derecho de otra persona, dependiendo el caso, podría estar obligado a pagar una compensación económica a esa persona por los daños y perjuicios provocados.

Espero que seas capaz de ganar muchísimo dinero, 
brindando a otros bienes y servicios que sean 
capaces de satisfacer sus necesidades. 

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miércoles, 18 de agosto de 2010

La Felicidad y el Dinero

¿O debiera decir “La felicidad y los bienes materiales”? Recién leí un artículo muy bueno, de Gina Montaner, que trata sobre éste tema. Ella lo tituló “El número mágico de la felicidad”. Me gusta leer éste tipo de artículos, porque me hacen recordar que el dinero y los bienes materiales son un elemento importante en el bienestar personal, y por lo tanto, se vuelven un elemento clave para ser felíz.

En alguna ocasión he tratado éste tema, pero creo importante recalcar algunas ideas. Un vehículo bonito, una vivienda confortable, un teléfono celular de última tecnología, y cualquier otro bien, son cosas materiales que te dan alegrías pasajeras y temporales (generalmente cuando acabas de adquirirlos). Sin embargo, la falta de éstos bienes que podríamos considerar imprescindibles hoy, si te pueden hacer pasar malos ratos, como por eejemplo penas para transportarte, frío, problemas para comunicarte, etc. Esto con el tiempo pueden provocar problemas en tu familia, con tu pareja, con tus hijos o con tus padres. Muchos matrimonios se disuelven por la insatisfacción que causan los problemas económicos y la falta de bienes materiales considerados “básicos” para llevar una vida tranquila y confortable.

Recordando, el dinero es únicamente el medio que utilizamos para intercambiar el fruto de nuestro trabajo por los bienes y servicios que producen otras personas, y que nosotros valoramos lo suficiente como para ceder una parte de nuestro patrimonio (o de nuestros ingresos, que si no los gastáramos serían parte de nuestro patrimonio).


Voy a plantearte un ejemplo, para que quede más claro. Si yo fabricó computadoras, y las vendo a otras personas, recibo una compensación en dinero por dicha venta (o intercambio el fruto de mi trabajo, que son las computaroras, por otro bien, que es el dinero).

Luego, realizo la compra de otros bienes y servicios, por ejemplo alimentos, pagando una cantidad de dinero a los productores de dichos alimentos. De nuevo, intercambio el dinero, que sigue siendo el fruto de mi trabajo, por los alimentos, que al mismo tiempo son el fruto del trabajo de otras personas.

Si yo no realizara ese intercambio, el dinero seguiría siendo parte de mi patrimonio. Por eso, cuando yo compro un producto o servicio es porque valoro lo suficiente la satisfacción que me producirá como para sacrificar una porción de mi patrimonio.

A medida que yo soy más productivo, o que ofrezco a otras personas mejores productos o servicios, diferentes a los de mi competencia, mis clientes valoran más dichos productos y servicios, y por lo tanto están dispuestos a sacrificar una cantidad mayor de su patrimonio con tal de obtener dicho bien, y por lo tanto, yo recibo más por mi trabajo.

Esto se aplica a todo nivel. Si tú te preparas, estudias o adquieres nuevos conocimientos y habilidades, otras empresas estarán dispuestas a sacrificar parte de su patrimonio (o utilidad) para que tú les prestes tus servicios. Realizas un intercambio, en el cual tú ofrezces tu tiempo y tu esfuerzo, y a cambio recibes una retribución económica.

Regresando al artículo “El número mágico de la felicidad”, la autora comenta ésta nueva corriente que existe en el mundo actual, de gente que está buscando “el minimalismo”, que consiste en simplificar su vida, llegando al punto de quedarse únicamente con 100 pertenencias. Como ejemplo, ingresa en Google las palabras "Vivir sin dinero", y verás que Google encuentra más de 700,000 páginas en las que tratan éste tema.

Esta tendencia se ha dado en éste mundo fruto de la crisis financiera, según la autora. Yo agregaría que muchas personas están hartas del estrés que produce la vida actual, con sus prisas, el tráfico, las presiones laborales, la soledad, la presión de las deudas, lo poco personal que se han vuelto las relaciones y las comunicaciones, y otros aspectos de éste tipo.

El artículo comenta que muchas veces es más placentera la planeación de un viaje que tomar un avión y salir de vacaciones súbitamente. Ella menciona en su artículo a “los estudiosos que cuantifican y miden la felicidad”, y yo quisiera en éste punto recomendarte un video que me recomendó Yasnaya. Está en inglés, pero Yasnaya nos comparte un enlace hacia un resumen en español.

Estas referencias me sirven de preámbulo para darte la conclusión a la que he llegado después de mucha lectura, introspección y diálogo personal. Para mí, la felicidad es una decisión personal. Tú puedes decidir hoy ser felíz, hacer de la felicidad tu forma de vida, que no tengas que pensar en ello, simplemente eres felíz, y lo representas por la forma en que afrontas las situaciones diarias que te enfrentas, la forma en que tratas a las personas que están a tu lado, la forma en que aceptas a esas personas, sin juzgarlas, con respeto y haciéndolas sentir bien, por el simple hecho de estar a tu lado.

Los problemas deben afrontarse con alegría, con decisión, y con la conciencia de que por muy grandes que parezcan, podrás resolverlos. Una práctica recomendable es pensar que dentro de 2 días te habrás olvidado del problema. Si te dijeran que hoy es tu último día de vida, probablemente ese contratiempo no tendría ninguna importancia.

Espero que puedas hoy tomar esa decisión. No es fácil, cuesta tomar la ruta, y sobre todo cuesta mantenerse en ella. En especial cuando enfrentas situaciones difíciles, problemas en el trabajo, situaciones financieras adversas, altercados familiares, separaciones amorosas, o la pérdida de un ser querido. Lo importante es perseverar, mantener tu vida sencilla, tus valores firmes y tu entusiasmo al máximo.

Si logras eso, te puedo asegurar que encontrarás el balance entre los bienes materiales, espirituales y emocionales que decidas adquirir y poseer. En términos financieros, mantendrás un balance general equilibrado, un flujo de caja siempre positivo, y un estado de resultados fantástico.


Te deseo la mejor de las suertes, y ¡que seas felíz HOY, MAÑANA Y TODOS LOS DÍAS DE TU VIDA!




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